
“Se puede jugar con
alegría en todas partes del mundo. Yo juego así pero siempre respeto al rival.
No se puede malinterpretar. Eso no es ofender a los demás sino disfrutar dentro
de la cancha, jamás pensaría ridiculizar a nadie” explica el morocho de un
metro noventa que llegó a La Academia hace casi 2 años. No hace falta saber
mucho del nacido en Segovia, Colombia para entender que le gusta jugar
líricamente y cada vez que se lo propone, hace fácil lo que resulta difícil
para cualquier mortal.

Así fue que en
junio de 2007 aterrizó en el viejo continente, en el Saint Etienne de Francia
pero sólo se entrenó un día porque era futbolista extracomunitario y el cupo de
extranjeros estaba cubierto. Tras idas y vueltas recaló en el Mlada Boleslav de
República Checa pero duró 3 meses porque no se pudo adaptar y entonces fue que
regresó a su tierra natal. El Envigado lo necesitaba y se puso la capa de
superhéroe y lo llevó al ascenso. Fue el máximo artillero e ídolo indiscutido
del Naranja. En el 2008 llegó a Nacional de Medellín en donde desplegó su
juego, lírico de los que no abundan, y fue precisamente eso lo que lo llevó a
vestir la camiseta de su selección ese mismo año. “Es un orgullo ponerme la
camiseta de mi país. Hoy la intención es volver cuanto antes para hacer unas
buenas eliminatorias y el objetivo es clasificar al Mundial”, explica el
volante.
Lo que pasó a partir
de 2010 ya es historia conocida por los hinchas de La Academia y aunque la
mejor faceta del “Flaco” se pudo ver en ese año en el equipo de Miguel Russo,
las condiciones no se pierden nunca. Y por eso se siguen viendo, en
entrenamientos, en partidos esas pinceladas propias de un distinto que deja la
globa chiquita. “Es cierto que mi sueño es jugar en Europa pero yo siento que
de Racing me tengo que ir de buena manera, hay una deuda pendiente a pesar de
los hechos sucedidos recientemente” dice Gio.

Por:
Matías Blanco
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